viernes, 25 de mayo de 2012

LA RAZÓN Y EL MÉTODO CIENTÍFICO


 
[...] Según la opinión más en boga, es característica esencial del método científico descon­fiar de toda razón, apoyándose tan solo en los hechos. El lema "no hay que pensar sino en­contrar cosas" suele ser la justa expresión de esta actitud. Se supone que el método científico debe empezar por desterrar todas las preconcepciones [...]. En su primera etapa positiva, se limita a recoger hechos; en la segunda, los clasifica; después deja que los hechos sugieran por sí mismos una hipótesis de trabajo que los explique. Solo en la última etapa, cuando se po­nen a prueba o verifican las hipótesis (a fin de convertirlas en leyes establecidas), correspon­de dar entrada a la deducción racional de las consecuencias. Esta deducción, se afirma, no nos aporta ninguna, información nueva. Simplemente, se limita a tornar explícito lo que la experiencia ya nos había suministrado en las premisas.
[...] ¿Comenzar por reunir hechos? Bien, ¿pero qué hechos? Evidentemente solamente aquellos que guarden alguna relación con nuestra investigación. [...]. Ahora bien, los he­chos de la naturaleza que nos interesan no se separan por sí solos de los demás ni tampoco se nos presentan con todas sus características significativas debidamente rotuladas en su exte­rior para que las conozcamos de inmediato. La elección de aquellas circunstancias que se nos antojan de importancia [...] depende de nuestras ideas generales acerca de la forma en que lo que buscamos puede hallarse relacionado con lo que ya conocemos.-Sin estas ideas o hi­pótesis orientadoras [...] nada podremos buscar. Durante incontables años vieron los hom­bres cómo se equilibraban las cosas mutuamente y cómo se hundían o flotaban en los líqui­dos pero nadie, antes de Arquímedes, vio en eso el principio de la palanca, la ley de que un cuerpo sumergido experimenta un empuje igual al peso del líquido desalojado. Fueron las ideas y el razonamiento de Arquímedes los que hicieron posible el descubrimiento del peso específico de las sustancias [...] En forma semejante, sabemos que fue la concepción pitagó­rica de la naturaleza a manera de un libro escrito en términos matemáticos simples, lo que condujo a Galileo a la búsqueda y descubrimiento final de la simple ley que relaciona el aumento de la velocidad de los cuerpos, en la caída, con el tiempo empleado por esta.
[... ] Por cierto que todos estos casos ponen en evidencia un penoso proceso de verificación de las ideas preconcebidas mediante la precisa determinación o medición de los hechos, co­mo así también la prontitud de estos investigadores para descartar aquellas hipótesis que no cuadraban con los hechos. Pero sin ideas bien razonadas las investigaciones no podrían siquiera haberse iniciado, porque no hubiera habido nada que verificar.
La ciencia aspira a una mayor exactitud que la que caracteriza al sentido común ordinario. La tarea de analizar críticamente el significado preciso de nuestras proposiciones y la de determinar el grado exacto en que son válidas, es característica de la ciencia. [... ] Sócrates se acarreó la antipatía general al demostrar a la gente cuan vagas eran sus ideas acerca de la valentía, la justicia, el bien y otros términos perfectamente usuales. La usanza co­rriente les atribuye a estas palabras toda una serie de vagos significados, y solo con un pa­ciente trabajo puede llegar a discriminarse entre ellos, tal como llegó a hacerlo Aristóteles. Se afirma, a veces, que la gente sabe perfectamente bien lo que quiere decir, pero es incapaz de concebir su formulación exacta. Sin embargo, la vaguedad primitiva de la aprehensión por parte de los hombres, de los objetos más familiares se pone de manifiesto en los dibujos que de ellos hacen los niños u otros observadores inexpertos: por ejemplo, un perfil humano con el ojo visto de frente, o un vaso de agua con una línea recta, o un círculo completo a manera de base. Evidentemente, en la imagen ordinaria del objeto se combinan aspectos diversos e incongruentes, de modo que, generalmente, solo se alcanza la observación exacta después de cierta preparación. Lo mismo vale para el reino de las ideas. Las ideas nebulosas y los conoci­mientos imprecisos son los responsables de nuestra inconsecuencia, cuando alabamos un acto por valiente y generoso en una ocasión, y a la siguiente, repudiamos ese mismo acto por considerarlo tonto o precipitado. [... ]
(Pero aun) el pensamiento popular no puede declararse satisfecho con esa vaguedad. Po­demos declararnos satisfechos cuando un amigo nos explica que no pudo ir a visitarnos por­que se hallaba enfermo; pero consideraríamos absurdo que el médico nos comunicara, por ejemplo, que nuestro hijo debe guardar cama porque está enfermo. Eso no nos basta y desea­mos una información más definida. No es suficiente saber que una habitación o un barco tienen capacidad para mucha gente; nosotros deseamos saber para cuánta gente [...] De es­te modo, las exigencias prácticas de la vida civilizada suelen reforzar el interés científico por la precisión que condujo a los griegos al descubrimiento de la matemática.
Los investigadores de las ciencias exactas suelen afirmar que allí donde no existe la enume­ración o la medición exactas no hay ciencia. [...] (No obstante) no podemos negarle el nombre de ciencia a la lógica o a las ramas no cuantitativas de la matemática, tales como [...] la geometría proyectiva, etc. Ni existe tampoco ninguna razón valedera para rehusar la calificación de científicas a obras tales como la Política de Aristóteles o la Ética de Spinoza o para aplicarla, en cambio, a las investigaciones estadísticas que en nada adelantan la com­prensión de un problema. Pero no cabe ninguna duda de que es característica esencial del método científico la tendencia a reemplazar los términos vagos tales como grande y pequeño, lejos y cerca, caliente y frío, etc., por otros más definidos precisados por la medición [...].
Los medios más apropiados para obtener conceptos definidos varían según los campos. Existen sin embargo, dos recursos particulares que merecen especial atención, a saber: 1) la enumeración, a menudo elaborada bajo la forma de estadística y 2) la medición, mediante la cual se expresan numéricamente las relaciones.

COHÉN, M., Razón y naturaleza, Buenos Aires, Paidós, 1956, pp. 98-102

Actividades/ Responder por escrito en las carpetas:

1) ¿Qué afirmaciones del fragmento precedente pueden vincularse con el texto leído anteriormente sobre los «Introducción a la metodología de las ciencias naturales» y cuáles podrían relacionarse con el fragmento del Discurso del Método de Descartes?

2) Partimos de la convicción de que cada disciplina, al tener un objeto diverso de estudio, tiene un particular modo de acercarse a su objeto (un «método» particular de investigación). Por grupos deben preguntar a un profesor de: matemática, física, biología, historia, sociología y filosofía, cuáles son –a grandes rasgos– los pasos a seguir para hacer investigación en su específica asignatura.

VOCABULARIO

Hipótesis: enunciados científicos que pueden tener distintos niveles de generalidad, cuya función es describir, explicar y/ o predecir determinados fenómenos y que deben reunir ciertos requisitos como, por ejemplo, los de ser atinentes y verificables directa o indi­rectamente.

Vaguedad: lo opuesto a precisión, exactitud.

Estadística: rama de la matemática aplicada, cuyos principios derivan de la teoría de la probabilidad, que tiene por objeto el agolpamien­to metódico y el estudio de series de hechos o de datos numéricos.

Inconsecuencia: falta de coherencia en el actuar.

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