martes, 17 de agosto de 2010

LA VIRTUD DE LA FORTALEZA... Trabajo Práctico para su posterior discusión áulica


Trabajo Práctico/ La virtud de la Fortaleza

Actividades:

I) Lee detenidamente lo afirmado en los siguientes puntos y luego responde:

  •   ¿Con cuál –o cuáles– de las «virtudes cardinales» asociarías el modo de ser propio de quien realizara las siguientes acciones?

1)      El que jamás tiene miedo de pelearse con otro.

2)      El que no oculta a sus padres que le fue mal en el cole porque no estudió.

3)      El que es capaz de hacer las cosas más arriesgadas con el skate o la moto.

4)      Los que se arriesgan por pasarle el resultado de la pregunta dos a una amigo en el examen.

5)      Los que ocultan alguna cosa a sus padres por “cubrir” a sus hermanos mayores.

6)      Los que no se ponen contentos cuando algún familiar les dice que ganó mucho dinero haciendo un “gran” negocio.

7)      El que se opone a abiertamente a que alguien diga una mentira sobre algún compañero.

8)      El que se atreve a decir que en realidad el gol no fue válido porque lo metió sin querer con la mano.

9)      La que le reprocha a la amiga que hace mal en mirar así al novio de otra compañera.

10)  Las que se niegan a tener relaciones con su novio por «creencias religiosas».


II) Destaca las ideas principales del fragmento:

El poder del mal:
“Cuando oigo que un barco necesita héroes por marineros, me pregunto si no estará viejo y podrido”.
Bertolt Brecht tiene razón al observar esto, aunque probablemente no sospechaba, cuando lo hizo, que ya Agustín había dicho algo muy parecido 1500 años atrás en su tratado De Civitate Dei:
«La fortaleza es testigo de la existencia y el poder del mal en el mundo».
Expresándolo de otro modo: puesto que lo justo y lo bueno no se imponen de por sí, sin que intervenga y se comprometa la persona misma, la fortaleza forma parte de los elementos integrantes del hombre cabal. Es una «ilusión» creer que uno podría actuar siempre de manera justa sin tener que, al menos en algunas ocasiones, arriesgar algo: el bienestar inmediato, la tranquilidad de la rutina diaria, los propios bienes materiales, la estima de los demás; y quizá también, en los casos más extremos, la libertad, la salud o la vida. Aparecen ya aquí claros algunos puntos esenciales. Par ejemplo, como lo formula Tomás de Aquino, que «lo valioso de la fortaleza es su esencial dependencia de la justicia»; es decir, que “quien conscientemente milita en el bando de la injusticia no puede ser «fuerte» o valeroso en sentido autentico. De aquí que, hablar por ejemplo de la “fortaleza del criminal” es un concepto absurdo. En segundo lugar, queda claro (al menos así lo espero) que la simple «impetuosidad», el «arrojo», la «temeridad», la «intrepidez», el «espíritu combativo», etc. son algo distinto de la fortaleza entendida como virtud cardinal y perteneciente, según explicábamos, a la integridad del hombre en cuanto tal. Las imágenes de audaces ascensiones alpinas o peligrosos saltos de esquí nada nos aclaran sobre la verdadera esencia de la virtud de la fortaleza, por mucho que la televisión se esfuerce a veces en hacérnoslas ver a través de ese prisma. ¿En qué forma puede entonces exigírsenos esta virtud?, ¿cómo reclamársela al hombre común, o sea a todos los seres humanos sin excepción? El acto de la fortaleza es generalmente poco vistoso; ser fuerte significa oponerse a la injusticia desde una postura inicial empíricamente más débil y sobrellevar con entereza los inconvenientes que ello implica, ya se trate de la irrisión pública o de un aislamiento y desprecio totales. Precisamente en esta última prueba del fuerte no suele haber –a los ojos del mundo contemporáneo– nada espectacularmente triunfal; y cuando se habla de audacia, valentía o riesgo es casi seguro que no se da una situación de genuina fortaleza.
Cualquier programa televisivo en el que abiertamente se exhiben los más irrespetuosos desórdenes sexuales no entrañan hoy, a decir verdad, el más mínimo riesgo para quien los promueve. Mucho más arriesgado y peligroso seria decir públicamente que la pureza sexual pertenece a la integridad del hombre. La figura simbólica de la fortaleza no es la del «triunfador exitoso» que posa para las cámaras, sino la del silencioso mártir que, sin salir en los medios, arriesga su vida por defender la verdad; el fuerte sólo aparece como tal luego del sacrificio; en el acto de su prueba suprema se le ve, por el contrario, como derrotado, puesto en ridículo, dejado solo y, sobre todo, reducido al silencio. Por eso los antiguos decían que el acto de la fortaleza no es el ataque, sino la «resistencia» y la «firmeza». Lo cual, no es otra cosa que el tener la valentía de «arriesgarse por la verdad» en un mundo humano que, por su propia dinámica interna, no es habitual que el orden y la justicia por sí mismos se establezcan.
Fragmento adaptado del libro Las Virtudes fundamentales, de Josef Pieper.

III) Teniendo en cuenta lo aprendido a partir del fragmento, considera nuevamente el modo en que resolviste el punto I y juzga tus respuestas a la luz de los nuevos conocimientos: ¿cambiarías en algo lo respondido anteriormente? (Justifica).